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Filandón:Reunión invernal de los vecinos del pueblo en donde las mujeres hilaban y los hombres contaban historias en torno a un vaso de orujo.



Aquí podemos colocar esas historias de las que en los pueblos hay miles...agudiza la memoria y envianoslas.Ya tenemos sitio para contarlas ¿quién pone el orujo?.

Y mientras llegan vuestras historias rescatamos un articulo de LA LUZ DE ASTORGA del  21 de Julio del año 1952, que nos cuenta como era la vida de esos combarreses que marchaban a Madrid a trabajar para sacar adelante a sus familias.



Cuna de muy prestigiosos maragatos ha sido y es el pueblo de Combarros. Por algo figura como uno de los de más típica solera maragata, la que ha sabido conservar intacta y ancestral, frente a esa divisoria, que es el puerto de Manzanal, en una de cuyas estribaciones últimas aparece recostado el caserío combarrés entre la umbría de robledales y choperas.

En este pueblo, grande dentro de lo pequeño, se vacunaron y se enlazaron después las vidas de don Ramón Campanero y de doña Ramona García, que el pasado viernes, día 18, celebraron solemnemente los fastos hogareños de sus Bodas de Oro  matrimoniales.

Pareja honorable, forjadora de un hogar cristiano y ejemplar. y cultivadora del trabajo perseverante hasta lograr el triunfo del bienestar económico, que ha sabido nutrir la fecha de sus bodas de oro, con la jugosa sustancia de una ejemplaridad digna de ser divulgada e imitada.

Sólo con esta finalidad, para que sirva de orgullo legitimo a los combarreses y de ejemplo imitable a nuestros paisanos, hemos hecho a los señores de Campanero una entrevista, en la que hemos ido hilando, en la rueca periodística  estas  preguntas:
                                                                                                                  
 ¿Cómo fue, don Ramón, su vida anterior a la que hoy tan holgadamente disfruta?—¿Mi vida primera? Muy humilde, porque fui pastor. Por aquellos montes, que Vd. conoce, pastoree, hasta los trece años, ganado lanar, que era. entonces , como hoy, una de las pequeñas riquezas de mi pueblo.—                                                                                                                                                                                                                       ¿Recuerda de estos tiempos de pastor alguna anécdota?—Bien que la recuerdo y bastante amarga por cierto. Fue un día de febrero, con una nevada tremenda. Me quedé arrecido de frió, mientras que unos lobos, que venían haciendo de las suyas, acometieron al rebaño, produciendo una verdadera carnicería, sin que valieran mis gritos para nada. Me mataron tantas reses, que fue preciso bajarlas con un  carro.—                                                                                                                                                                                            

¿Y esto, claro, fue lo que motivó su ida a Madrid, no es eso?
La causa creo más bien se debió a mi deseo y a mi amor propio de emular a paisanos míos, a quienes veía lucir en las fiestas del pueblo y de quienes oía, que, por su propio esfuerzo, sin otros medios, se habían labrado un gran porvenir, destacando en el mundo de los negocios.—                                                                                                                                                      
Por lo tanto a sus catorce años, en Madrid, ¿verdad?—
Así fue, sí mal no recuerdo.—                                                                                                                                                 

¿Le resultó difícil abrirse camino en la urbe?—
Sí, amigo mío, difícil. Para que se dé Vd. cuenta, sepa que empezó por mozo de establo, teniendo que dormir
sobre el cemento de la estantería y sentir la opresión del reuma, alifate éste que, ahora a la vejez, se acentúa más molesto.—                                                                                                                         

¿Duró mucho en ese humilde empleo?—
Pasé por otras coyunturas hasta lograr una de mis ilusiones más caras, cual fue la de ser dependiente de pescadería en la Plaza de la Paz.—                                                                                                                                 

¿En estas épocas, desde luego difíciles, sentía nostalgia de su Combarros?—
Ya lo creo. Muchísima nostalgia. Nostalgia sobre todo por la que había de ser mi compañera, por sus típicas fiestas con mazapán casero, tamboril y baile, por su riachuelo, por sus montes oliendo a tomillo, por su tranquilidad, por todo..._                                                                                                                                               

¿ Consiguió inmediatamente ser dueño de alguno de sus actuales establecimientos?_
Pues no. A fuerza de honradez, del cumplimiento del deber, de celo, conseguí la categoría de comprador en la casa de don Agustín de la Fuente, un enamorado de su negocio, que fue de los más importantes y acreditados en aquel entonces, y un enamorado también de su pueblo,el Val de San Lorenzo. Mucho me enseño y mucho aprendí yo de tan magnifico maestro.                                                                                                                   

  Y tras esto la independencia financiera, no?—Fue el 1906, que esta fecha no puede olvidárseme por lo que para mí tuvo de meta, fue, digo, el 1906 cuando con otros dos socios e inolvidables combarreses don Domingo Prieto y don José García, pusimos en marcha, por
cuenta propia, la conocida Pescadería de Las Tres Cruces, verdadera matriz de mi ulterior   desenvolvimiento._                                                                                                                           

¿Qué le impulsó a ese mayor desarrollo en su negocio?—
La familia, mis ocho hijos que iban creciendo en Combarros al lado de la que ha compartido mis luchas, con su amor y con sus ánimos, siendo ella la primera en el trabajo, pues no olvidaré que ella hacia producir-y administraba con ese temple de la buena mujer maragata, nuestra pequeña hacienda rural.—                                                                                                                                                   

Lo comprendo, amigo Campanero. Por sus hijos pensó Vd. en...—
En quedarme lo primero con Las Tres Cruces al fallecimiento de mis dos socios, y más tarde el instalar una Sucursal, como la que tengo funcionando a pleno éxito desde 1933 en la calle de Carranza, donde mis hijos desarrollan sus actividades sin control apenas por parte mía. Y conste que lo digo, con orgullo, pues lo considero fruto de la educación realista recibida.—

Seguramente que con estos dos estupendos y acreditados establecimientos quedaría satisfecho su amor propio de emulación.
Así debiera ser, pero bien sabe que por los hijos nunca dice uno ¡basta!. Por eso en 1950 he fundado otra Sucursal también con éxito, en. La calle Ciudad Rodrigo núm. 3.—                           

¿Sabe lo que le digo, amigo Campanero, como colofón de todo
?__¿Qué me dice?—

Que si los hombres no le conceden, por aclamación,la Medalla del Trabajo, que Dios al menos le siga favoreciendo y bendiciendo su hogar, como hasta ahora.  
                                                                                      

A través de esta entrevista habrás adivinado, lector, una pareja verdaderamente ejemplar, que se ha hecho acreedora a celebrar, con todo rumbo sus Bodas de Oro matrimoniales en este pueblo de Combarros, cuna de sólidos prestigios maragatos , que honran y enaltecen a la Patria grande.         

Astorga y julio.

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