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Evaristo Garcia Gomez, maragato de Combarros y empresario madrileño,es noticia estos días por la presentación de su libro "Palabra de Maragato" y por habersele concedido la medalla al Merito en el Trabajo. A continuación ponemos recortes de prensa de diversos diarios que reflejaron estos actos.

ABC MADRID.EDICIÓN IMPRESA - Madrid

PALABRA DE EVARISTO.

Es el alma de Pescaderías Coruñesas, O´Pazo y El Pescador. Ha escrito el libro «Palabra de Maragato», que es de honor, como él. Evaristo García recibe hoy la Medalla al Mérito en el Trabajo 

TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS: ERNESTO AGUDO/ABC

MADRID. Tiene cuatro hijos, asegura que ha plantado un árbol y, ahora, acaba de escribir su libro «Palabra de Maragato» que, por lo visto, es palabra de honor. A sus 72 años, Evaristo García, el alma de las Pescaderías Coruñesas y los restaurantes O´Pazo y El Pescador, sólo presume de ser un maragato de ley, de llevar los frutos del mar en sus venas y de tener montones de amigos gracias a una máxima que siempre le acompaña y que nunca le ha fallado: trabajar y trabajar, hacer el bien y pensar en el cliente. «A estas alturas de la vida -nos dice- lo que más me satisface es que los clientes me digan: «¡Volveremos muy pronto!»».

Quizás muchos no sepan que Evaristo García sirve pescados y mariscos a la Casa Real -«allí, un día se come merluza y otro sardinas», asegura- y que también lo hizo al Palacio del Pardo cuando vivía Franco; que por sus restaurantes pasen reyes, príncipes, políticos, artistas, empresarios... personalidades y, claro que sí, pueblo llano. Que tuvo puesto en el antiguo mercado de pescados de la Puerta de Toledo y que hoy, la suya, es una de las mayores presencias en Mercamadrid. Sus productos se cotizan no sólo en Madrid y en toda España, sino en Europa y en otros continentes.

Sus hijos, la cuarta generación

Pero todo ello a Evaristo le da igual. Se sabe con el deber cumplido y con unos hijos que ya suponen la cuarta generación en el negocio del pescado y la restauración. «No lo hacen mal. Trabajan mucho». Y esto lo dice un hombre a quien le importa un comino reconocer que él no aprendió más que las cuatro reglas. Fue en Combarros, su pueblín de la Maragatería, cerquita de Astorga. «Don Emilio, mi maestro hasta los nueve años, que fue cuando me vine a Madrid con mi familia, nos decía: hay que saber sumar, restar, multiplicar y dividir pero, de todas ellas, la que menos debéis utilizar es la de restar».

Evaristo García recibe, esta tarde, la Medalla al Mérito en el Trabajo, en su categoría de plata. Será en la Casa de León de Madrid, qué menos. Y como ha restado poco y sumado mucho, estará rodeado de familiares, amigos, clientes y un sinfín de conocidos que saben de su prestigio como pescadero y como restaurador. Él mismo lo reconoce en su libro «Palabra de Maragato», redactado por Margarita Romeu : «Soy pescadero por los cuatro costados. La restauración para mí contiene los elementos que necesito para canalizar una vocación».

Una vocación que le vino de su abuelo. Y de su padre, que regentaba la antigua pescadería «La Astorgana», en la calle de León. Recuerda Evaristo García unas palabras, claves para su vida futura, cuando, todavía adolescente, salía a vender pescado con su cestilla y su mandilillo, a los mejores restaurantes y hoteles de aquel Madrid de los años cuarenta del siglo pasado. Eran éstas: «Evaristo, el cliente siempre espera una sonrisa y una frase amable. Si sabes darlas, conservando el respeto y en el momento oportuno, más que un cliente conseguirás un amigo».

En su libro, Evaristo habla mucho de su «pueblín», Combarros; de sus andanzas de niño -«de pequeño era un trasto, inquieto y vivaracho», dice- y de cómo aquellos maragatos se echaban el atillo al hombro para buscar un futuro mejor. Su familia lo encontró en Madrid, no sin fatigas y estrecheces. «Mi pueblín -escribe- es pobre, muy pobre. Sólo da patatas y cereales. Su tierra se hace de rogar. Por eso casi todos se marchan, como mi padre ...».

«Nosotros, como el aceite»

Aquellas Pescaderías Coruñesas que inauguró Alfonso XIII en 1911, acabaron siendo propiedad de los García. O´Pazo lo tiene desde hace veinticuatro años y El Pescador, unos treinta. «Nosotros estamos como el aceite: con la calidad por encima de todo», exclama Evaristo a quien, según parece, hay que atribuir el dicho de que «el mejor puerto de mar está en Madrid». Y le preguntamos:

-¿La merluza?

-Del Cantábrico y el Atlántico.

-¿El rape?

-Lo mismo.

-¿Y los langostinos?

- De Huelva, de Sanlúcar y de Vinaroz.

-¡En Vinaroz casi no quedan langostinos!

-Claro. Lo sé. Y me los traigo yo.

DIARIO DE LEÓN - 22/03/2006

Evaristo García recibe en Madrid la medalla al Mérito en el Trabajo por toda una trayectoria dedicada al mundo de la restauración y los negocios pescaderos

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«Había un territorio extraño en León en el que, como era pobre, sus habitantes se atrevían a lo que nadie se atrevía. Por ejemplo, a llevar pescado desde A Coruña a Madrid». Marifé Santiago, escritora y asesora de Cultura de Presidencia del Gobierno, habló así de la tierra maragata de Evaristo García Gómez. Y, ayer, la osadía tuvo premio de los oficiales.

El restaurador y empresario pescadero recibió la medalla de plata al Mérito en el Trabajo. Sus Pescaderías Coruñesas son santo y seña de buen hacer y buen vender, y su O`Pazo y El Pescador son dos lugares imprescindibles en las rutas gastronómicas de la mejor cocina.

De la calidad de sus productos lo saben hasta en la Casa Real, clientes navideños. Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Servicios Sociales, Familia y Discapacitados, entregó el símbolo que resume toda una vida dedicada a que Madrid no sólo tenga puerto de mar, sino que sea el mejor y lo disfrute todo el mundo. Valcarce destacó y elogió la capacidad de trabajo de Evaristo García, al que calificó de «maragato de honor».

Evaristo y amigos en Combarros.

Y aquel joven de Combarros que susurraba a las mozas maragatas canciones de Machín, habló alto y claro en el día de su homenaje. «Cuanto más mayor me hago, que nunca viejo, voy acercándome a mis mejores tesoros: mi infancia y mi Combarros. Y soy más Combarros, más Astorga y más León», narró Evaristo García. Y en la Casa de León, lugar en el que se celebró la entrega de la medalla, había un poco de todo ese León que anda por Madrid. García Gómez se congratuló de que hubiera una nutrida representación de la colonia leonesa en la capital, siempre dispuesta a no desperdiciar una ocasión par reunirse.

«Somos la tierra que nos parió», afirmó el empresario. Y tan adentro lo lleva que hasta se arrancó con un baile maragato para demostrar que el asfalto de la Castellana no le ha hecho olvidar sus orígenes. Antes, cuando finalizaba su intervención, Evaristo García proclamó a los cuatro vientos de la madrileña calle Pez: ¡Viva León! ¡Viva Astorga! ¡Viva Combarros!

La palabra maragata se convirtió así en una exclamación de compromiso con los ancestros. Marifé Santiago recordó que «siempre la palabra de maragato fue algo seguro, suficiente, proverbial». Se refería, seguro, a esa palabra a la que el homenajeado ha seguido al pie de la letra.

Más allá de la recompensa simbólica, Evaristo García se llevó el reconocimiento de los suyos, de su familia, de amigos, de compañeros de profesión y de representantes de instituciones.

Por allí pasó el famoso Lucio y el no menos reconocido restaurador José Luis. Félix Herrero, fiscal del Tribunal Supremo, tampoco quiso perderse el acto; al igual que Antonio Flores, presidente del Comité de Competición, gran amigo de García Gómez. Entre los más habituales de la casa, Domingo López Alonso y Félix Pacho Reyero, entre otros, también quisieron saludar a otra leyenda leonesa. Y, entre tanto, Rafael Álvarez, presidente de la Casa de León, junto a Cándido Alonso, presidente del Consejo Superior de la Casa de León e Isabel Mijares, vicepresidenta del centro, se encargaron de que todo estuviera en su sitio. Laurentino vigilaba aún más y el centro de Madrid sonó maragato, porque como decían algunos: «Maragatos somos todos».

Evaristo García, al que le gusta la caza y caminar por su pueblo, jugarse un mus y echarse un baile, a partir de ahora, tendrá una medalla en algún lugar de su vida para que le recuerde que gracias a su vocación de pescadero ha conseguido el prodigio de que la gente siempre quiera estar con él.

Seguro que, hoy al mediodía, él estará al pie del cañón en alguno de sus negocios.  

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